lunes, 7 de diciembre de 2009

La obra de arte, forma, materia, técnica.

La obra de arte, forma, materia, técnica.



El hombre expresa mediante la obra de arte su realidad por medio de los sentidos o su alma o espíritu. Esta expresión, de hombre a hombre, busca su perfección tanto como la verdad, el bien, la belleza o Dios.
Estas obras que va dejando el hombre aumentan su ego y le permiten trascender en el tiempo dejando una huella ( huella que muchas veces es utilizada por otros como guía) y esta a su vez dejara de pertenecerle cuando la comparte con otros hombres.
El valor de la obra de arte surge de la expresión autentica de un momento de vida, pero así como cambia la vida igualmente cambia el valor estético aunque al cambiar vayan quedando conquistas definitivas y permanentes.
Una obra de arte responde siempre a una necesidad, no solo del que la crea sino de aquellos a que esta destinada, ya que no es concebible que carezca de destino.
No existe artista sino manifestación, no solo debe existir la idea sino que es preciso la facultad de dar forma a través de una materia ( la cual esta, a su vez, va a cambiar su sentido). La materia en si tiene un valor que se transforma o le transforma, el contacto del artista. Esta es imprescindible para la creación de la obra de arte, la forma es su complemento inevitable, la creación es un estado de lucha no solo del artista consigo mismo sino con la materia y con las formas, para que sea expresiva de sus ideas y sentimientos.
El artista para realizar la forma se vale de medios que preceden y conducen al dominio de la materia, puede tener muchas ideas pero este dominio es muy importante ya que es el medio para llegar al fin.
La forma es el secreto de la obra; no solo porque ella representa algo sino también porque ella es capaz de expresar algo.
Las ideas del artista aparte de tener vocación material y formal, tiene vocación técnica.
La técnica es el instrumento del alma. Las técnicas varían a través de los tiempos y los lugares, a través de los hombres, no hay una técnica universal, puede presentarse que grupos coincidan con esa técnica, pero son necesidades del momento y no un acuerdo general.

En cuanto al valor de la obra de arte, siempre estuvo la discusión de sí es subjetiva u objetiva, el hombre le pone valor o la obra tiene valor propio. Ortega y Gasset dice
“ Valorar no es dar valor a quien por si no lo tenia; es reconocer un valor evidente en el objeto, las obras tienen valor y por sí mismo, y no una reacción emocional subjetiva.

Generalmente podemos ver cuales son los caminos que conducen a la comprensión de un cuadro pero lo comprensivo de su valor no es el estudio de un tema ni el análisis de la técnica sino del descubrimiento final del sentido que arrime a las formas que constituye el cuadro.
La obra de arte (individual) adquiere su sentido y por lo tanto su valor, el participar en valores universales y que el verdadero artista no se conforma con representar a seres o cosas individuales, por mucho que a estos les interesen y apasionen, sino que busca expresar las características más universales de la naturaleza humana; pero no es meno cierto que el punto de partida de su creación es el de los objetos singulares.

La diferencia entre obra de arte y obra que causa placer no existe; que la diferencia entre un cartel publicitario y un cuadro, entre una canción y una sinfonía, no es sustancial.
La obra de arte esconde dos significados, uno es aparente, fácil de comprender, otro por escondido, difícil de alcanzar, que es el alma de la obra, su centro vital.

Por ultimo me parece apropiado utilizar un termino en desuso, representación, que es la presentación de una presentación.

Representación es un término que significa tanto que ya casi no significa nada, por ello, interpretarlo y reducirlo brevemente: representación es el modo inexorablemente mediato de darse cualquier cosa, es el nombre de la imposibilidad de la cosa en persona, del comercio carnal con las cosas. A cambio de esa distancia, la representación permitió a lo largo de su historia una como delectación morosa en lo bello y lo bueno y una explicitud de lo feo y lo malo. Pues bien, después de todos los despueses, la representación ya no más consiente eso, sólo permanece su condición de impedimento, de interposición sin contrapartida entre el deseo y su objeto.

La obra de Arte.

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